La tarde del 30 de julio de 1975, el movimiento estudiantil universitario, realizó una marcha que salió desde la Universidad de El Salvador, UES. Culminó con una masacre en la intersección de la alameda Juan Pablo II, y la 25 calle poniente, en las cercanías de la Policlínica Salvadoreña y el hospital general de Instituto Salvadoreño del Seguro Social, ISSS.
Las diferentes organizaciones, civiles y universitarios, 34 años después recuerdan tal hecho, con un acto conmemorativo que se realiza a la misma hora con un simulacro del incidente, caminando en grupo desde la UES, hasta llegar a la zona 0, en donde se hace un acto político, y regresa a la universidad.
Los hechos
Los 70´s, tiempos difíciles, El Salvador estaba gobernado por militares, era el periodo presidencial del Coronel Arturo Armando Molina.
El 25 de julio de 1975, las fuerzas militares, intervinieron el Centro Universitario de Occidente de la Universidad de El Salvador, para evitar la realización de un show bufo, que los estudiantes desarrollaban cada 26 de julio, en vísperas de las fiestas patronales de Santa Ana y en el cual, éstos ridiculizaban al gobierno.
En oposición a ésta, las organizaciones estudiantiles respondieron con una multitudinaria manifestación el día 30 en el campus central.
Al saber, el ministro de defensa, el General Carlos Humberto Romero, advirtió sobre represalias militares a los universitarios por radio, televisión y panfletos esparcidos por un avión en las proximidades del Alma Máter.
Se corrió el riesgo, la convocatoria a la marcha continuó en pié, alrededor de las 4:30 de la tarde, la marcha se encontraba frente a la policlínica salvadoreña y el externado San José, cuando los aviones, tanquetas y militares antimotines aparecieron.
La marcha se dirigía hacía el Parque Libertad, por la sentencia, se cambió de rumbo, nuevo destino: parque Cuscatlán. Al llegar al puente desnivel, frente al Hospital General del ISSS, soltaron los primeros disparos acompañados por bombas de gas lacrimógeno, para detener el paso de la manifestación.
Cayeron los primeros, y con ellos las tanquetas ubicadas frente al ahora Patronato Cuerpo de Bomberos, comenzaron a avanzar, aplastando a los heridos y muertos. La fuerza militar tenia ambulancias y camiones donde se llevaban a los muertos y heridos, también a los desaparecieron.
Algunos de los sobrevivientes saltaron el paso a dos niveles, como cuenta Mirna Perla, ex_magistrada de la Corte Suprema de Justicia: “Yo me tiré del paso a dos niveles, me fracturé la rodilla izquierda y los compañeros me llevaron al Hospital Rosales de donde me sacaron a las 11 de la noche. Ahí estaban los policías buscando los heridos de la marcha, los compañeros de Medicina en ese momento muy valientemente nos ayudaron, nos sacaron y expusieron sus vidas para podernos salvar a nosotros”.
Otros intentaron salvarse saltando el muro perimetral de ISSS, y otros se refugiaron en la comunidad Tutunichapa, donde sus habitantes los ocultaron.
Luego de la protesta, el ejército tiró agua con jabón para borrar la sangre esparcida por toda la calle; la universidad estaba llena de estudiantes refugiados.
El día siguiente, “los cuerpos de los compañeros caídos estaban siendo velados en el Auditorio de Derecho”, cuenta Josefina Menéndez, trabajadora de ISSS, que además cuenta que a la hora de la masacre una fisioterapista se encontraba dando tratamiento en una de las plantas altas del ISSS, y fue alcanzada por una bala perdida que causó su muerte.
Nelson Menéndez / El Ícaro.

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