LA CHICA DEL BANCO
Sorpresa la mía, sin duda me has dejado absorto, no hubiera podido creer el mismísimo Mefistófeles; lo sublime del fervor de tu mirada, y la elegante forma paralela de tus piernas al caminar, ¡Increíble! Más bien ¡encomiable! El hecho de apreciar la majestuosidad de tu belleza y elegancia.
Ojala y hubiese sido el alfarero de tus piernas, un par sublime de loables constelaciones, trazos perfectos, atisbos de deseo, perfectamente predicados por el desplazamiento que provocas hasta en las hojas de los árboles.
No puedo ni siquiera definir lo que emana desde lo más profundo de mi alma al estar cerca de ti ¿habrá alguna explicación? ¡Sí, como no! Ya lo creo, entonces, telefoneemos a Shakespeare, a Becquer y escuchemos el ¿por qué? Decidirían resucitar, por que yo con gusto moriría por ti.
¡Que lindo! ¡hermoso! escucharte respirar, transpirar, gesticular, cada vez que visito tu agencia, o cuando por casualidad tropezamos por la calle, o en alguna unidad colectiva, por eso mismo afirmo, manifiesto y reitero lo mucho que te quiero.
Mi cariño y amor por ti, se traslapan entre la brisa y el aroma de tu piel, se refugia entre el céfiro mismo que te escolta al caminar; por donde quiera que vayas, ¡Qué alegría! ¡Qué felicidad! Sigue emancipando mi corazón del hedonismo, revitaliza mi alma y permíteme ser tú séquito dónde quiera que vayas.
¡Sorpresa! es más que una sorpresa, es un privilegio y un manjar el verte deambular, sigo absorto, anonadado, e impávido por tú magnificente belleza, aún no lo concibo, pero ha sido un verdadero apremio, haberte conocido.
José Soto / El Ícaro.





Comments
There are no comments for this post.