La noticia la recibí como balde de agua fría, costoso y doloroso sería como lo asimilaría . El niño que formaste en mí no deja de llorarte, pero es con tú sonrisa como quiero recordarte.
Vendiste periódicos, fuiste zapatero y futbolista de la liga de plata, al menos, tú trayectoria reconocieron con un pedazo de lata.
El seno de nuestra capital se mostró acogedor, cuando dormiste sobre cartones, en los portales del centro de San Salvador. Transitaste por diversos barrios, donde los parques fueron tus escenarios.
Corazón de niño, corazón gentil, nos regalaste tú jardín infantil. Llevaste alegría, risas y ayuda a muchos niños siempre, y sobre todo en el mes de diciembre.
Gracias a tus frases espontáneas, sonrisas y muchos guiños; te convertiste en presidente de la república de los niños.
Gracias por esas mañanas de domingo; llenas de algarabía que en mi corazón conservo todavía.
Como Arístides o benefactor silencioso, que Dios te llene de mucho gozo.
Hoy, te digo adiós como un marachito; para que descanses en paz Chirajito.
José Antonio Soto / El Ícaro.

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