Zagas y embriagante es lo que emana de tu lengua; dista mucho el encontrar una tregua, construyes un ambiente de mucha elocuencia cuya retórica llega hasta la conciencia. Es cruel, burda, ruin y repugnante el hecho de oír tu elocución, de quienes dicen escuchar una canción.
Repugnancia opulenta dá cabida al alumbramiento de la demagogia más vil y pérfida jamás contada, hablada y probada, tu verborrea se vuelve un somnífero perfecto capaz de seducir al mismo lucifer.
Bla-bla-bla-bla como el arma más poderosa en la historia de la humanidad que ha sido empleada una y otra vez para saquear conciencias, imponer el mástil de una razón sin razón, sin vísperas de aspiración a la verdadera y más alta inspiración.
¡Maldito rufián! ojalá y cortaran tu lengua y la lanzaran a un lago de azufre, ¡maldito seas una y mil veces de eones!, ¡vil desgraciado y despiadado demagogo!, ¡sigue moviendo esa lengua viperina!, ¡sigue disfrutando y aprovechándote de la ignorancia y sencillez de unos!. Recibe la crítica punzante y contundente de quiénes intentan ser sabios y mueren siendo ignorantes.
Sigue siendo voraz; acrisolando tu monserga que esclaviza a las ideas más puras, imponiendo las oscuras que seducen hasta las almas más nobles, sigue dejando absorto a muchos maldito demagogo!… que yo estaré ahí para ser el objeto de tu ahogo.
José Soto / El Ícaro.

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Hermano, que buena poesía la que has escrito. El escrito que has hecho me hace recordar a un sinfin de personas que andan deambulando por ahí creyendo saber más que otros y al final, solo ganan la antipatía y el asco de los demás. Súper directa y concisa, te felicito Soto, no dejes de escribir.