El reloj esta a punto de marcar las 4 de la tarde, se siente el aroma de esa bebida que mantiene tertulias por largos instantes.- A título personal las cuatro de la tarde, es para dar unos cuantos pasos en busca del mejor acompañante del exquisito café, la dulce y suave ración de pan como sólo sabe hacerse para luego venderse en la panadería tecleña del portal Zablah en Santa Tecla.
Cuatro cuadras, cuatro de la tarde, cuatrocientos pasos, y pensar que eso es lo que me toma llegar hasta ti, siempre me esperas con esa linda sonrisa que no sólo tiene tu sello y tu exquisito regazo traducido en mermelada vespertina, eres sin duda la sonrisa más dulce y hermosa de Santa Tecla.
Estabas ahí, a las cuatro de la tarde vestida de blanco, un delantal color celeste es el cielo que ha decidido proteger la delicadeza con la que una nube decidió tornarse vestimenta perfecta, para dar forma a la suave arena del mar que te transformó a ti y a esa bella sonrisa.
El movimiento de tus labios al saludarme es como sentir el aleteo de las gaviotas que se pasean a expensas de las olas del mar, te juro que no puedo creer que estabas ahí, el pan y el café no sólo llevan tu carisma sino que están plagados de sabor a ti.
Cuando te despides de mi siempre resuena esa frase que emana de tu ser “que gusto ha sido atenderle” a lo que yo te respondo “no corazón, el gusto ha sido mío”, en verdad es un gusto sentir, percibir tu sonrisa, abrazarla, sentir ese placer no sólo de poder interactuar con tu carisma, aunque ninguno sabe nuestros es mutuo el saludarnos y sonreírnos cada vez que el reloj marca las cuatro de la tarde.
Cuatro de la tarde, cuatrocientos pasos, cuatro cuadras, el café es
acompañado por una ración de pan; pero como cada día y como cada tarde es endulzado por tú sonrisa.
Gratificante es verte saludarte, y poder sonreírnos, siento que te beso al saborear el café, la ración de pan que se deslizan por mis labios me hace saborear impávido, el movimiento de tus labios que desemboca en una sonrisa, a ti y al gusto que siento al verte cuando el reloj marca las cuatro de la tarde, cuando marco esos cuatrocientos pasos, cuanto lo que nos separan son sólo cuatro cuadras.
PD.:
Dedicado a ti que me inspiras, quién le da una pizca afecto a mi café, a una ración de pan y a las cuatro cuadras, a los cuatrocientos pasos, a las cuatro de la tarde.
José Antonio Soto/El Ícaro.
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